lunes, 16 de junio de 2014


CARTA A HUIDOBRO

 

Sobre lechos dulzones de palabras

los ocres se suspenden

las hiedras amarillas se complacen

en la tapia del tiempo

las fotos siempre sepia

el fardo es la nostalgia

perder es un regusto al acabar el siglo

 

pero tú nos dijiste            los verdaderos poemas son incendios

y con ellos

mostraste el requiebro del sol

la hipnótica obsesión por la palabra

                      palabra redentora

                      palabra siempre nueva

que nos muestra sus alas  en delirio

 

y abrimos otra vez las ventanas al futuro

descubriendo

la concha en que esperamos

hallar la perla negra

 

pero             ¿qué encontraremos?

 

fuiste Altazor y navegaste

sobre el viento del genio

gobernando

tu caída esplendorosa hacia una tierra virgen

y así tomar posesión de su promesa

 

tierra de sueño y quimera

de irrealidad de creación de juego

 

y yo                ¿qué podré ser?

¿cómo alzaré mi vuelo sobre una tierra nueva?

¿ qué nombre tendrá mi rostro hambriento?

 

alzaré mi voz sabiendo

que la voz verdadera no cesa ya que nace

para abrir las compuertas que nos cierran

las voces huecas

retóricas

prometedoras de asépticos paraísos

impolutos

lúdicos

 
                  oigo tu voz cargada de mañanas mientras estoy alerta

oigo tu sueño bracear mares nocturnos

hacia donde la luz comienza a herir la noche

oigo nacer tu árbol cerca de mi terraza

mientras comprendo que ayer lo vi morir en una carretera

o en unos ojos tristes que pedían socorro

antes de sucumbir entre el agua y el barro

mientras todos pasamos

mientras todos vivimos nuestras vidas pequeñas

tal vez vuelto a clavar o hundido en una puerca

trinchera cavada por el odio

                     y quisiera decirte hoy que en esas muertes

no hallé nada romántico

nada ejemplar

 

nada 

 

aquel idealismo a muerto sus árboles han muerto la libertad

 

posiblemente ha muerto

ese dulzor caliente murió como un eclipse

                               sobre su tumba se alza

el manantial glorioso de la ley del mercado

las causas son de azúcar diluida

en la leche que vierte en nuestras bocas

el pecho inagotable de los números ciegos

y vamos caminando con la mañana a cuestas

como legión de grises labriegos de la historia

 

y ¿ qué me queda a mí               pobre burgués

justificado en la felicidad

en el sudor del patrimonio en la esperanza

de la jubilación sin sobresaltos y sin cáncer?

 

la revolución ya no es colectiva no salva

ahora es personal discreta mínima

hoy Altazor está viejo y cansado y su paracaídas

le ha servido de traje a los pájaros negros

                   tú lo viste vibrante

pudiste oír como crecía su árbol con olas en las ramas

y alas en sus raíces

mas hoy ese árbol está cargado de fatiga

y sus ramas descubren el fruto del injusto

y sus raíces tienen la sed de los olivos

 
                   empieza un siglo al fin

se vuelcan nuestros ojos hacia un ayer más puro

mientras sólo esperamos esa luz que no llega

nuestro tiempo

se mantiene embrujado

con una promoción que nos vende alegría

que nos guiña ilusoria sus certeros mensajes

 

y ¿ qué nos cuesta?

¿ qué nos cuesta toda la sed y todo el hambre?

¿ qué nos cuesta nuestra pequeña porción de felicidad?

 

la felicidad es esa hermana pequeña que nos saca

con sus chistes ingenuos la sonrisa

 

hoy la felicidad es ver llover detrás de los cristales

seco y caliente y beberse

las lágrimas con hielo y unas gotas de alcohol siempre a tu gusto

y unos muebles flamantes

de una casa brillante

y una cuenta en el banco donde no anida el déficit

y sentirse seguro con trajes de diseño

y diseñar tu vida en paz y después gloria

 

la felicidad ha de ser previsible prefijada impoluta

perfectamente dueña de un flamante

billete de ida y vuelta en clase preferente

y soy feliz

y no me importa si dios o la utopía ya no existen

si es que no lo anuncian en un telediario

 

sólo espero mis fines de semana sólo quiero

vivir alguna historia que transgreda lo justo

para calmar la sed salvaje y libertaria

que brota imprevisible en la conciencia

 

sólo importa

que ponen en el plus esta noche sin luna

en que me he de quedar soñando una quimera

sentado al otro lado

de las treinta pulgadas

 

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